jueves, 10 de junio de 2010

Atipicidad Comentarios

Atipicidad
En el derecho penal, atípicas son todas aquellas acciones que no se adecuan a la norma penal prescripta por lo que no son punibles. Esta ausencia de tipicidad imposibilita la persecución penal de quien despliegue una conducta que no esté descrita en la ley como delito. Así, el enriquecimiento ilícito no constituye una conducta típica, puesto que el Código Penal no lo tipifica como delito y no puede acarrear responsabilidad penal; aunque como acto antijurídico pueda ser objeto de responsabilidad civil, administrativa, etc. como consecuencia del apotegma Nullum crimen, nulla poena sine lege. Siendo la tipicidad la perfecta adecuación que existe entre un acto de la vida real y un tipo penal, cuando un acto se adecua a un tipo penal, tal acto es típico. Ahora bien, tomando en cuenta que la tipicidad es la adecuación de la conducta con los tipos o figuras típicas descritas en las leyes sustantivas penales; la atipicidad viene a ser todo lo contrario, ya que si la acción u omisión ejecutada no tiene encuadramiento en algún tipo penal, se habla entonces de atipicidad, bien sea por inadecuación típica o ausencia de tipicidad. Cuando esto ocurre procesalmente trae como consecuencia la terminación del proceso. Ahora bien, realizadas las anteriores consideraciones y acogiendo lo consagrado por el legislador venezolano; reitero que en el presente caso, los hechos investigados no son considerados típicos y en consecuencia, los mismos no son antijurídicos, ya que los hechos no encuadran dentro de ningún tipo penal previsto por el legislador. Por tales razones y motivos, la Defensa Técnica del ciudadano Rafael Alberto Torres Quintero, considera que lo ajustado a derecho y lo procedente, con fundamento en el Ordinal 2° del artículo 318 del Código Orgánico Procesal Penal, es declarar el SOBRESEIMIENTO DE LA CAUSA, por no ser típicos los hechos del presente proceso.
Conviene señalar que es doctrina de la Sala de Casación Penal, que el delito de estafa está caracterizado por el deseo del autor de obtener para sí un beneficio patrimonial a costa de la víctima a quien engaña, utilizando para ello las formas o métodos más diversos. En la estafa, a diferencia de otros delitos contra el patrimonio, la víctima es quien, por tener la voluntad viciada por el error en que se la ha inducido a caer, entrega voluntariamente el objeto al autor; es, en palabras de Antón Oneca ("Estafa y otros engaños", NEJ Seix, IX, 1957, pág. 57) "... conducta engañosa con ánimo de lucro, propio o ajeno, que, determinando un error en una o varias personas, les induce a realizar un acto de disposición, consecuencia del cual sufre un perjuicio en su patrimonio o en el de un tercero ...". En suma, la cuestión aquí planteada tiene como base, un conflicto generado en una relación contractual laboral, civil y mercantil, con objeto lícito celebrado libremente por las partes, que exceden la competencia del fuero penal, debiendo en su caso los interesados dirimir sus controversias en la jurisdicción correspondiente. Considero conveniente señalar que ampliar el espectro fáctico de la intrincada maraña de los negocios humanos, de evidentes connotaciones económicas, haciéndolos caer dentro de la esfera del Derecho Penal, va contra la naturaleza y materia de este derecho y generaría la proliferación indiscriminada y amenazante para lograr una solución favorable a intereses particulares que, aunque respetables, deben ser dilucidados por los jueces civiles.

Joel Suárez

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